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Compartir conocimiento: un recurso estratégico para las mutualidades

Las organizaciones acumulan conocimiento cada día.

Está en los equipos, en los procesos que funcionan, en los problemas que se han resuelto, en las decisiones adoptadas y también en las experiencias que han obligado a rectificar.

Una parte de este conocimiento queda documentada. Otra continúa vinculada a las personas que lo han generado.

Para las mutualidades, compartirlo puede tener un valor especialmente importante. Muchas afrontan retos similares, aunque lo hagan desde realidades, dimensiones y ámbitos de actuación diferentes.

Regulación, transformación digital, gestión de personas, gobernanza, atención al mutualista, inteligencia artificial, eficiencia operativa o sostenibilidad financiera forman parte de una agenda cada vez más amplia.

En este contexto, la experiencia de una entidad puede resultar útil para muchas otras.

Aprender también de la experiencia de los demás

Una organización aprende cuando incorpora nuevos conocimientos, pero también cuando observa cómo otras han afrontado situaciones similares.

Una mutualidad puede haber simplificado un proceso interno. Otra puede haber implantado una nueva herramienta digital. Una tercera puede haber desarrollado una buena práctica de atención. Otra puede haber encontrado una forma más eficiente de organizar determinados controles.

Compartir estas experiencias permite ampliar las referencias disponibles antes de tomar una decisión.

Esta circulación del conocimiento aporta, al menos, tres utilidades: permite conocer soluciones que ya han sido probadas, ayuda a identificar dificultades comunes y facilita detectar prácticas que pueden adaptarse a otras organizaciones.

El aprendizaje compartido puede reducir también parte del esfuerzo necesario para explorar problemas que otras entidades ya han empezado a resolver.

Compartir también aquello que ha costado

Las buenas prácticas son valiosas. Las dificultades también lo son.

Los proyectos que han requerido más tiempo del previsto, los procesos que han tenido que modificarse o las decisiones que han generado resultados diferentes de los esperados contienen información especialmente útil.

Una cultura madura de conocimiento compartido incorpora esta experiencia.

Explicar qué ha funcionado permite replicar ideas. Explicar qué ha costado ayuda a anticipar obstáculos.

Este tipo de aprendizaje es especialmente relevante ante procesos de transformación, porque muchas decisiones relacionadas con tecnología, organización o gestión se construyen progresivamente.

La experiencia acumulada permite avanzar con más referencias.

De la conversación al conocimiento útil

Compartir experiencias genera valor cuando ese intercambio puede transformarse en conocimiento aplicable.

Una conversación entre profesionales puede identificar un problema común. La comparación de varias experiencias puede mostrar distintas formas de abordarlo. Y esta información puede acabar convirtiéndose en una práctica, una guía, un criterio de decisión o una mejora de proceso.

Por ello, los encuentros profesionales pueden desempeñar una función que va más allá del acceso a las ponencias.

Las conversaciones informales, las preguntas, los ejemplos y los contactos entre personas de diferentes entidades forman parte de la transferencia de conocimiento.

El reto posterior consiste en conseguir que una parte de ese conocimiento vuelva a las organizaciones.

Compartir con los equipos las principales ideas, documentar una buena práctica, recuperar un contacto para profundizar en una experiencia o incorporar un aprendizaje a un proyecto concreto son formas sencillas de multiplicar el valor de un encuentro.

Cooperar manteniendo la diversidad

Las mutualidades tienen trayectorias, dimensiones, especializaciones y realidades organizativas diversas.

Esta diversidad puede enriquecer el aprendizaje compartido.

Una práctica útil para una entidad pequeña puede aportar una perspectiva interesante a una organización de mayor dimensión. Una mutualidad especializada puede disponer de un conocimiento profundo sobre un ámbito concreto. Una experiencia territorial puede mostrar soluciones que difícilmente aparecerían desde una aproximación más general.

Compartir conocimiento tampoco implica reproducir exactamente las soluciones de los demás.

El valor está en conocerlas, comprender por qué han funcionado y valorar qué elementos pueden adaptarse a una realidad diferente.

Esta capacidad de adaptación convierte la experiencia compartida en una fuente de criterio.

Una agenda cada vez más transversal

Los retos que afrontan las mutualidades tienen, además, un carácter crecientemente transversal.

La digitalización afecta a los procesos y también a las personas.

La inteligencia artificial afecta a la tecnología y también a la gobernanza.

La regulación tiene consecuencias sobre los sistemas, la documentación y la organización interna.

Los cambios económicos influyen en las inversiones, la solvencia y la planificación.

La gestión de personas condiciona la capacidad de transformar la organización.

Esta interrelación hace especialmente útil reunir perspectivas diferentes.

El programa provisional de la  XIII Trobada de Mutualitats de Catalunya refleja precisamente esta diversidad: economía y finanzas, eficacia personal y productividad, inversiones, inteligencia artificial, pensamiento crítico y toma de decisiones forman parte de los contenidos previstos para los días 26 y 27 de octubre en Montserrat.

Del conocimiento individual al conocimiento compartido

Una de las cuestiones importantes para cualquier organización es evitar que el conocimiento dependa exclusivamente de personas concretas.

Documentar procesos, compartir experiencias entre equipos, generar espacios internos de aprendizaje y conservar los criterios que han llevado a determinadas decisiones ayuda a construir memoria organizativa.

Entre entidades puede suceder algo similar.

Los encuentros, grupos de trabajo, jornadas y espacios de colaboración pueden contribuir a crear una memoria compartida sobre los retos que afrontan las mutualidades.

La experiencia del encuentro anterior ya siguió esta lógica. El libro digital de la Trobada del año pasado recogió y ordenó aportaciones sobre economía, liderazgo, innovación, tecnología, salud y sostenibilidad con la voluntad de convertir las ponencias en conocimiento que pudiera seguir siendo útil después de las sesiones.

Este es un aspecto especialmente interesante: el conocimiento generado en un encuentro puede continuar circulando cuando el encuentro ya ha terminado.

Compartir y conectar

La  XIII Trobada de Mutualitats de Catalunya volverá a reunirnos los días 26 y 27 de octubre en Montserrat.

La convocatoria pone el acento en dos ideas muy concretas: compartir experiencias, retos y buenas prácticas, y conectar para generar vínculos y sinergias.

Son dos verbos sencillos que describen bien una necesidad actual de las organizaciones.

Compartir permite ampliar el conocimiento disponible.

Conectar facilita que ese conocimiento siga circulando.

En un momento en el que los cambios tecnológicos, económicos y organizativos se aceleran, disponer de más perspectivas ayuda a tomar decisiones con más referencias.

Este es también el sentido del lema elegido para esta edición:

«Sumamos fuerzas. Hacemos mutualidades.»

Porque el conocimiento que permanece dentro de una organización tiene valor.

El conocimiento que circula puede multiplicarlo.

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